El post de este mes no dejará indiferente a nadie; a mi yo de hace 5 años seguramente le hubiese provocado cierto rechazo, sin embargo a mi yo de hoy le gusta poco la autocensura y le encantan los mensajes sin pelos en la lengua 😊
En ocasiones anteriores, he compartido mi viaje hacia Bitcoin, pero hoy quiero explorar los caminos paralelos (o "madrigueras") que muchos de nosotros hemos seguido tras darnos cuenta de la profunda deshonestidad del Estado. Comprender Bitcoin significa, entre otras cosas, entender que la inflación monetaria es uno de los mayores fraudes de la historia. Es un despertar duro pero a medida que va aflorando tu desconfianza hacia el Estado te vas dando cuenta de que el engaño no termina ahí y que la mentira no es la excepción, sino la norma.
En 2021, un año después de lo que considero uno de los mayores engaños de la historia (💉), abrí los ojos definitivamente. Decidí no volver a confiar en las fuentes oficiales del gobierno ni en los medios de comunicación tradicionales. Comencé a cuestionar muchas cosas que daba por sentadas: la historia que me habían enseñado (la Revolución Francesa, el jacobinismo, reinterpretaciones del medievo…), muchos mantras sobre salud (consumo de carne, colesterol, exposición solar), el falso conflicto entre ciencia y religión (retornando al catolicismo), el cambio climático antropogénico y muchas otras ideas que hasta entonces les otorgaba veracidad por tener aparentemente un consenso académico y por el sesgo de autoridad de las fuentes oficiales.
Me gusta abordar cada tema por separado, con sentido crítico y ajustarlo al llamado principio de parsimonia, más conocido como «navaja de Ockham», (principio metodológico atribuido al sacerdote franciscano, científico y filósofo Guillermo de Ockham) sabiendo que muchas veces la explicación más sencilla es la verdadera.
Si, tras revisar una idea, encuentro argumentos lo suficientemente convincentes contra lo que consideraba verdad, no tengo problema en cambiar de opinión. Esta actitud me ha sido de gran ayuda y me ha servido como cura de humildad, obligándome a corregir muchas ideas que consideraba inamovibles. Antes, simplemente rechazaba leer y escuchar argumentos fuera de la caja de resonancia oficialista.
Bitcoin fue el catalizador de todo esto, y el conocido evento de 2020 actuó como apalancamiento, permitiéndome ver más rápido la magnitud de algunos engaños masivos.
En un mundo de personas adormecidas, Bitcoin es la mayor esperanza. Una vez que lo entiendes, se abren infinitas madrigueras por las que te dejas caer, y en cada una de ellas aprendes lecciones valiosísimas que te invitan a replantear tus ideas y a deshacerte del sesgo de confirmación que te mantenía anclado a ellas.
El Estado nace y crece en el engaño, Bitcoin nace y crece en la verdad.




