Cuando Anxo Bastos recibió el premio del Instituto Juan de Mariana, dijo algo digno de mención: “Alguna vez me preguntaron que haría yo si fuese presidente del gobierno; respetar la propiedad privada, punto”.
Y no hablaba solo de casas o tierras. También hablaba del dinero. Porque, aunque muchos no se percaten, el dinero que usamos día a día no es realmente nuestro. Está bajo el control de otros. Lo usamos, sí, pero lo hacemos bajo reglas impuestas, con posibilidad de confiscación, controles de capitales y sujeto al impuesto oculto de la inflación.
Ahora imagina lo contrario: un mundo en el que nadie, salvo tú, tenga poder sobre tu dinero. Donde tus ahorros no se diluyan por decisiones tomadas en despachos lejanos. Ese mundo ya existe, y se llama Bitcoin.
Bitcoin pone fin al intermediario: tú decides sobre tu dinero
Los bancos centrales deciden cuánto dinero imprimir, y eso nos afecta a todos. Cuando imprimen más, tu dinero vale menos. Así de simple. Bitcoin rompe con eso. Es un sistema descentralizado, sin jefes, sin puertas giratorias, sin privilegios para unos pocos y con reglas fijas y claras.
Con Bitcoin, el control vuelve a tus manos. Nadie puede emitir más monedas a su antojo. Nadie puede tocar tus ahorros. Lo que tienes, es tuyo en el sentido más estricto de propiedad.
¿Y la deflación? No es el monstruo que nos pintaron
Durante décadas nos han repetido que la deflación es peligrosa, casi un enemigo público. Pero una mentira, por más veces que se repita, no se convierte en verdad.
Saifedean Ammous lo explicaba en respuesta a un tuit de Andrew Tate: cuando Bitcoin sustituya a los bancos centrales, probablemente deje de generar grandes rendimientos y su valor crezca al ritmo de la productividad, entre un 1% y 5% anual frente a bienes y servicios. En ese punto, cuando ya no queden bancos centrales, Bitcoin dejará de ser “la mejor inversión” para convertirse, simplemente, en dinero.
¿Qué implica eso? Que volveremos a tener un dinero deflacionario, uno que gana valor con el tiempo. En lugar de verte obligado a gastar por miedo a que tu dinero pierda poder adquisitivo, ahorrar volverá a tener sentido. Pensar y planificar a largo plazo será la norma. La preferencia temporal volverá a donde siempre debió estar.
Hechos, no promesas
Bitcoin sigue ganando dominancia frente a miles de shitcoins, y actualmente representa más del 60% de la capitalización del total. Cada vez más países y empresas lo adoptan como reserva de valor, su número de usuarios crece año tras año, y el efecto red que lo rodea ya es imponente. La infraestructura financiera que se ha desarrollado en torno a Bitcoin no deja de expandirse.
A estas alturas, casi nadie duda de que Bitcoin, en sus primeros 16 años de vida, se ha consolidado como una sólida reserva de valor. Cada vez es más evidente su uso como medio de intercambio (que se lo pregunten a Rusia y China), y tarde o temprano —personalmente no tengo dudas— acabará siendo también unidad de cuenta.
El proceso de monetización es inevitable y culminará a su debido tiempo, como defiende la tésis de mi amigo Joel Serrano. Y cuando eso ocurra, el dinero volverá a estar en manos de quienes lo generan, no de quienes lo manipulan.
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